La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Aquella tarde Van Cheele emprendió una de sus frecuentes caminatas por los bosques de su propiedad. En su estudio tenía un alcaraván disecado y conocía los nombres de buen número de flores silvestres, por lo que tal vez estaba justificado que su tía le describiera como un gran naturalista. En cualquier caso, era un gran andarín. Tenía por costumbre tomar mentalmente nota de cuanto veía durante sus paseos, no tanto por el propósito de contribuir a la ciencia contemporánea como para procurarse ulteriores temas de conversación. Cuando las campanillas azules empezaban a florecer tenía por norma informar del hecho a todo el mundo; tal vez la estación del año ya había puesto en guardia a sus oyentes acerca de la verosimilitud de tal acontecimiento, pero, en definitiva, aquéllos sentían que había sido absolutamente sincero con ellos.