La reticencia de Lady Anne

La reticencia de Lady Anne

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—Son unos bosques muy agradables —replicó el muchacho con un tono auspicioso en la voz.

—Pero, ¿dónde duermes por la noche?

—No duermo de noche; es cuando más ocupado estoy.

Van Cheele empezó a tener el mortificante sentimiento de que estaba enzarzándose con un problema que le rehuía.

—¿De qué te alimentas? —inquirió.

—De carne —dijo el muchacho, y pronunció la palabra con una lenta fruición, como si la estuviera degustando.

—¿Carne? ¿Qué clase de carne?

—Puesto que le interesa, de conejo, aves silvestres, liebres, aves de corral, corderos cuando es época, niños cuando consigo alguno; normalmente están bien guardados en casa por la noche, que es cuando cazo mayormente. Ya hace sus buenos dos meses que no he probado carne de niño.

Haciendo caso omiso del carácter humorístico de la última observación, Van Cheele trató de llevar al joven hacia el tema de la posible caza furtiva.

—Hablas muy a la ligera al decir que comes liebres. Las liebres de nuestros montes no se dejan atrapar fácilmente.

—Por la noche cazo a cuatro patas —fue la respuesta un tanto críptica.


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