La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —¿Debo entenderlo como una insinuación de que cazas con perro? —aventuró Van Cheele.
El muchacho se volvió lentamente hasta quedar tumbado de espaldas y emitió una risita queda y lúgubre que sonó con el timbre delicioso de un cloqueo y la desagradable resonancia de un gruñido.
—No creo que ningún perro se mostrara muy ávido de mi compañía, especialmente de noche.
Van Cheele empezó a sentir que verdaderamente había algo misterioso en aquel adolescente de ojos y lenguaje insólitos.
—No puedo consentir que permanezcas en estos bosques —declaró en tono autoritario.
—Me parece que preferiría usted tenerme aquí que no en su casa —replicó el joven.
La perspectiva de este animal salvaje y desnudo en su casa primorosamente ordenada era ciertamente alarmante.
—Si no te vas yo te obligaré a hacerlo —dijo Van Cheele.