La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Van Cheele, contrariamente a su costumbre habitual, no se sentía proclive a mostrarse muy comunicativo acerca del descubrimiento que había hecho en el bosque. Su posición de concejal de la parroquia y juez de paz se vería un tanto comprometida por el hecho de albergar en sus propiedades a un sujeto de tan dudosa reputación; existía incluso la posibilidad de que le presentaran a su puerta una elevada factura por los corderos y las gallinas desaparecidos. Aquella noche, durante la cena, estuvo inusualmente silencioso.
—¿Qué ha sido de tu lengua? —Le dijo su tía—. Cualquiera diría que has visto un lobo.
Van Cheele, que no estaba familiarizado con este viejo dicho, halló esta observación un tanto desatinada; si hubiera visto un lobo en sus propiedades su lengua habría estado extraordinariamente activa con el asunto.