La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne Lo que sobrevino luego fue una larga vigilia de suspenso y espera. En una o dos ocasiones Clodoveo abandonó la casa para llegarse hasta la espesura, regresando siempre a la biblioteca, con el evidente propósito de dar un breve parte. En una ocasión se hizo cargo del correo de manos del cartero vespertino y lo llevó hasta lo alto de la escalera con puntillosa cortesía. Tras una nueva ausencia ascendió hasta la mitad de la escalera para lanzar un anuncio.
—Los boy-scouts entendieron mal mi señal y han dado muerte al cartero. Tengo poca práctica en este tipo de cosas, ya saben. La próxima vez lo haré mejor.
La doncella, que tenía compromiso matrimonial con el cartero vespertino, dio rienda suelta a un clamoroso lamento.
—Recuerda que tu ama tiene dolor de cabeza —le dijo J. P. Huddle. (El dolor de cabeza de la señorita Huddle iba peor.)
Clodoveo descendió la escalera rápidamente y tras una breve visita a la biblioteca regresó con otro mensaje.