La reticencia de Lady Anne

La reticencia de Lady Anne

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Recibí su telegrama —dijo—. ¿Qué sucede? ¿Telegrama? Aquel parecía ser el día de los telegramas.

“Venga aquí inmediatamente. Urgente. James Huddle”, decía, en síntesis, el mensaje que se ofreció a los ojos asombrados de Huddle.

—¡Ahora lo comprendo todo! —exclamó de pronto, con una voz sacudida por la agitación, y con una mirada de agonía en dirección a la espesura tiró del asombrado Birberry hacia el interior de la casa. Se acababa de servir el té en el salón pero Huddle, ahora totalmente presa del pánico, arrastró a su quejumbroso huésped escaleras arriba y por un instante toda la casa quedó subsumida en aquella región de momentánea seguridad. Sólo Clodoveo hizo los honores a la mesa del té con su presencia; evidentemente, los fanáticos hallábanse en la biblioteca demasiado absortos en sus monstruosas maquinaciones como para ceder al solaz de una taza de té y unas tostadas. El joven caballero se levantó en una ocasión para atender a la llamada de la campanilla en la puerta principal y franquear el paso al señor Paul Isaacs, zapatero y coadjutor de la parroquia, que también había recibido una compulsiva invitación para acudir a La Conejera. Con un atroz derroche de cortesía, difícilmente superable por algún Borgia, el secretario escoltó al nuevo cautivo de su red hasta la meseta de la escalera, donde le aguardaba su involuntario anfitrión.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker