La reticencia de Lady Anne
La reticencia de Lady Anne —¡Esto será un borrón en el siglo XX!
—Y su casa será el tintero. ¿Se da usted cuenta de que la mitad de los periódicos de Europa y de los Estados Unidos publicarán imágenes de ella? Por cierto, he remitido unas fotografÃas suyas y de su hermana que encontré en la biblioteca al Martin y a Die Woche, espero que no le importe. Y también un apunte de la escalera; la mayor matanza se producirá probablemente en la escalera.
Las emociones que se iban apoderando del cerebro de J. P. Huddle eran de una intensidad casi excesiva como para plasmarlas en palabras pero acertó a balbucear:
—En esta casa no hay judÃos.
—No por el momento.
—Iré a la policÃa —exclamó Huddle con una súbita energÃa.
—Entre los arbustos hay apostados diez hombres que tienen orden de disparar contra quienquiera que abandone la casa sin una señal de autorización por mi parte. Otro piquete armado se halla emboscado cerca de la puerta principal. Los boy-scouts vigilan la parte trasera.
En este punto se oyó el alegre ulular de una bocina desde la calle. Huddle se precipitó hacia el vestÃbulo con la sensación de un hombre que se despierta de una pesadilla y alcanzó a contemplar a Sir Leon Birberry que llegaba conduciendo su coche.