La reticencia de Lady Anne

La reticencia de Lady Anne

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Insistía sobre este punto como si hubiera habido infundadas insinuaciones de que en su conformación había rasgos satíricos, con apéndices caprinos allí donde lo humano terminaba. El pinzón real comenzó de nuevo su aire de Ifigenia en Táuride. Egbert empezó a sentirse deprimido. Lady Anne no se tomaba su té. Tal vez se sintiera indispuesta. Sin embargo, cuando lady Anne se sentía indispuesta no solía ser reticente al respecto. “Nadie sabe lo que sufro a causa de la indigestión”, era una de sus aseveraciones favoritas; pero la falta de conocimiento sólo podía deberse a una defectuosa audición; el montante de la información disponible sobre el tema habría proporcionado material suficiente para una monografía. Evidentemente lady Anne no se sentía indispuesta.

Egbert empezó a considerar que estaba siendo tratado de un modo poco razonable; naturalmente, empezó a hacer concesiones.

—Me atrevo a decir —observó, adoptando una posición sobre la alfombra situada ante la chimenea tan centrada como logró persuadir a Don Tarquinio que le permitiese—, que se me puede censurar. Estoy dispuesto, si con ello puedo restablecer las cosas en una situación más feliz, a intentar enmendarme.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker