A la conquista de un imperio

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También deben tener en torno unas pequeñas kas khanays, es decir, unas casitas de paja, o mejor de raíces olorosas, construidas en medio de un trozo de tierra cubierta de hierba y siempre próximas a una tank o fuente para que la servidumbre pueda lavarse cómodamente.

Al oír el ruido producido por los tres caballos, dos hombres —vestidos como los indios, pero a los que se podía reconocer como malayos por el tono de su piel y sus facciones duras y angulosas—, salieron de la casa, saludando con una torpe inclinación a Yáñez y a sus compañeros.

—¿Surama? —preguntó brevemente el portugués, saltando a Tierra.

—Está en la sala azul, capitán Yáñez —dijo uno de los malayos.

—Ocupaos de los caballos.

—Sí, capitán.

Subió los cuatro escalones, seguido por Tremal-Naik y Sandokán y, atravesando un corredor, se encontró en un amplio patio, rodeado de elegantes soportales sostenidos por esbeltas columnas.

En medio, un altísimo chorro de agua brotaba de una taza de piedra.

Yáñez pasó bajo los soportales de la derecha y se detuvo ante una puerta donde se agrupaban varias muchachas indias.

—Avisad a la señora —les dijo.


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