A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —El rajá, fastidiado por las continuas peticiones de sus súbditos, se habÃa decidido por fin a terminar con las matanzas del admikanevalla[20] y encargó a sus dos hijos que dirigieran la batida. Eran unos muchachos, absolutamente incapaces de llevar a término tan difÃcil empresa. Pero, temiendo la cólera de su padre, se guardaron muy bien de negarse. No se sabe exactamente cómo ocurrieron las cosas; pero dos dÃas después se encontraron sus cuerpos, semidevorados, colgando de una rama de árbol.
—¿Se habÃan emboscado allà arriba?
—Donde les colocaron y ataron —dijo Bindar.
—¿Qué quieres decir?
—Que bajo el árbol se encontraron trozos de cuerda.
—¿Y qué conclusión sacas de todo eso?
—Se susurra por aquà que el rajá se aprovechó del tigre para desembarazarse de los dos muchachos, que tal vez le molestaban.
—¡Por Júpiter! —exclamó Yáñez horrorizado.
—Piensa, sahib, que Sindhia es hermano de Bitor, el rajá que reinaba antes y que todos detestaban por sus infamias.
—He comprendido —contestó el portugués, arrugando la frente.
Luego murmuró para sÃ: