A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —El griego, el tigre negro que se comió a los hijos del rajá, la invitación para que vaya a matarlo… ¿Qué se esconderá bajo todo esto? Por suerte tengo a mano al Tigre de Malasia, Tremal-Naik y Kammamuri, tres unidades formidables, como dirÃa un marinero moderno. El bâgh caerá, no lo dudo: y entonces, mi querido Sindhia, no será una simple representación la que pague los gastos. ¡Se trata de algo muy distinto! Una corona para Surama y para mÃ.
Lanzo los caballos al galope, alejándose de la ciudad varias millas: de vez en cuando se volvÃa para ver si les seguÃa algún otro mail-cart.
Cuando se puso el sol regresó, internándose en los bosques que se extendÃan frente al templo subterráneo.
—Ocúpate de los caballos —dijo al indio.
En el umbral de la pagoda le esperaban, con viva impaciencia. Sandokán y Tremal-Naik.
—¿Qué ha pasado? —preguntaron a una.
—Todo va bien —contestó Yáñez, riendo—. El rajá es mi amigo.
Luego, sacando un cigarrillo, prosiguió:
—¿Os disgustarÃa cazar mañana un peligrosÃsimo tigre?
—¿A mà me lo preguntas? —contestó Sandokán.