A la conquista de un imperio

A la conquista de un imperio

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No tienen la cabeza muy desarrollada si se compara con la del león o la pantera, pero sus mandíbulas son más anchas, sus dientes más largos y formidables, sus garras más duras y tremendas. Por el contrario, su pecho es más estrecho; el jaguar americano tiene el cuello más largo, lo que le permite arrastrar sin excesiva fatiga incluso una vaca. Pero un tigre que haya alcanzado todo su desarrollo puede saltar una cerca de tres e incluso de cuatro metros llevando en la boca un ternero grande.

Su astucia es enorme. El león, consciente de su fuerza, anuncia su presencia con un rugido formidable, semejante al trueno, cuando caza o se prepara a atacar. Pero es raro que un tigre deje oír su voz antes del ataque.

Igual que la pantera, está emboscado horas y horas, esperando pacientemente su presa, y no lanza su hurra hasta que ha hundido el hocico en los intestinos de su víctima…, y no siempre lo hace.

¿El ronco aullido oído por Yáñez y sus compañeros anunciaba que el kala-bâgh se había ganado la cena o que había olfateado a los cazadores?

—¿Qué opinas, Tremal-Naik? —preguntó el portugués a su amigo indio, que estaba escuchando—. Tú conoces mejor que nosotros a estos peligrosos animales.


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