A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Puedo equivocarme —contestó el bengal×, pero este parece un aullido de desilusión. Cuando un tigre derriba a su presa lanza un formidable ¡a-o-ung!, y no un ¡uabh! Estoy seguro de que le ha fallado el ataque a un nilgai o a un búfalo.
—Entonces vendrá a buscarnos —dijo Sandokán.
—SÃ, si quiere ganarse la cena —contestó Tremal-Naik.
—Con un plato fuerte a base de plomo —dijo Yáñez.
—Si somos capaces de ofrecérselo.
—¿Tú lo dudas?
—¡Oh, no!
—Yo estoy tranquilÃsimo.
—También yo —añadió el Tigre de Malasia.
—Callaos.
—¿Se acerca? —preguntaron a una Sandokán y Yáñez cogiendo las carabinas y tendiéndose en el suelo.
—No sé, pero he oÃdo un ligero rumor entre aquel grupo de bambúes que se levanta ahà delante.
—¿Estará tratando de sorprendernos?
—Es probable —contestó Tremal-Naik.
—El asunto se pone serio. Preparémonos a recibir dignamente al señor tigre —dijo Sandokán.