A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Creo que desde luego perteneces a la raza más astuta de Europa —dijo el rajá—. Pero no quiero que esa mujer o muchacha sea traÃda aquÃ.
—Poseo una casa, donde están mis mujeres —contestó el griego—. Esta noche me haré llevar allá, pero tú dirás a todos que sigo en tu corte y darás orden de que nadie, por ningún motivo, venga a molestarme.
—Haré como deseas. Adiós, y procura sanar pronto.