A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —He sido enviado aquÃ, como le dije, por el virrey de Bengala para obtener de usted información sobre las revueltas que están ocurriendo en la Alta Birmania. Como ustedes lindan con ese turbulento reino, que siempre nos ha dado serias preocupaciones, es seguro que están al corriente de lo que allà sucede. Le advierto ante todo, excelencia, que el gobierno de la India no sólo le quedará agradecidÃsimo, sino que le recompensará espléndidamente.
Al oÃr hablar de recompensas, el ministro —venal como todos sus compatriotas— abrió los ojos de par en par y soltó una risita de satisfacción.
—Sabemos más de lo que puede usted suponer —dijo luego—. Es cierto: en la Alta Birmania ha estallado una violentÃsima insurrección promovida, según parece, por un emprendedor talapón, que ha abandonado la túnica amarilla de los monjes para empuñar la cimitarra.
—¿Y contra quién?
—Contra el rey Phibau y, sobre todo, contra la reina Su-payah-Lat que, el mes pasado, hizo estrangular a dos jóvenes esposas del monarca, una de las cuales habÃa sido escogida entre las princesas de la Alta Birmania.
—¡Qué historia tan enrevesada!