A la conquista de un imperio

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—Se la explicaré mejor, milord —dijo el ministro, entornando los ojos—. Según las leyes birmanas, el rey puede tener cuatro esposas, pero su sucesor está obligado a casarse con su propia hermana o, por lo menos, con una princesa de la familia, al objeto de que se conserve pura la sangre real. Cuando Phibau, que es el monarca actual, subió al trono, había en su familia dos hermanas dignas de compartir el trono. El rey sentía mayor inclinación por la mayor; pero a la más joven, a la princesa Su-payah-Lat, se le había metido en la cabeza ser también reina, de forma que empezó a manifestar en todas partes el más ardiente afecto hacia el soberano y llegó a inducir a la reina madre a decidir, con su profunda sabiduría, que aquel amor merecía recompensa y que el hijo debía casarse con ambas. Pero el proyecto se desbaratado por la mayor de las hermanas, la princesa Ta-bin-deing, que prefirió entrar en un monasterio budista. ¿Me sigue usted?

—Hasta aquí, perfectamente —contestó Yáñez, que encontraba muy escaso interés en aquella historia—. ¿Y después, excelencia?

—Phibau entonces se casó con Su-payah-Lat y con otras dos princesas, una de las cuales pertenecía a una noble familia de la Alta Birmania.

—¿Y la primera hizo estrangular a estas dos por despecho?

—Sí, milord.


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