A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio La pesada barca se separó de la orilla, dirigiéndose rápidamente hacia la opuesta, para no estar expuesta al tiro de las carabinas de los sikhs, en caso de que estos los descubrieran.
La travesía se realizó felizmente, y antes de que el enemigo llegara a la orilla, la bangle navegaba bajo las inmensas arcadas de las plantas que se inclinaban sobre el agua.
Reinaba allí una densa sombra, gracias a las frondas de los numerosos tamarindos que crecían, en aquel paraje, bañando sus colosales raíces en el agua, por lo que era casi imposible que los sikhs pudieran descubrir a los fugitivos.
Además, la anchura del Brahmaputra era tai en aquel sitio, que una bala de rifle no lo hubiera atravesado.
Después de asegurarse de que no les amenazaba ningún peligro, al menos de momento, ya que más tarde podía ocurrir que los soldados del rajá les persiguieran con pinazas, u otro tipo de embarcaciones, Sandokán se acercó a Bindar, quien observaba atentamente la orilla en compañía de Tremal-Naik.
—¿Hay poblados por aquí?