A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿No cuentas las orillas? Los indios sois corredores insuperables, y un hombre que avanzara por la orilla izquierda hubiera podido no perder de vista la bangle y observar el sino en que embocaba el canal del pantano.
—¿Y por qué no nos atacaron en la jungla?
—Pueda que no hayan tenido valor para hacerlo —contestó Sandokán—. Pero esto son simples suposiciones, y es muy posible que me equivoque. Sin embargo, abramos bien los ojos, y preparémonos para cualquier cosa. Adivino que tenemos que luchar contra un hombre muy fuerte, que vale diez veces más que el rajá.
—¿El griego?
—Sà —contestó Sandokán—. Es él el enemigo peligroso.
—Es verdad: sin ese hombre, quién sabe cuántas cosas habrÃa hecho Yáñez a estas horas.
—A mà me basta con disponer de los sikhs. Si el demjadar consigue persuadirles de que se pongan a mi servicio, verás qué pandemonio desencadeno en Gauhati.