A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Cómo?
—Quedándonos atrás o pasándolos.
—Probemos; como no tenemos prisa, podemos retirar los remos y dejarnos llevar por la corriente.
Los malayos, advertidos del plan, retiraron las largas palas y la bangle disminuyó la marcha, avanzando un poco de través.
Los dos poluar siguieron su marcha, ayudados por la brisa que hinchaba sus velas y en pocos minutos se encontraban a considerable distancia de la bangle, desapareciendo a continuación en la curva del rÃo.
—Se han marchado —dijo Tremal-Naik—; yo tenÃa razón.
Sandokán inclinó la cabeza sin contestar. No parecÃa convencido de la inocencia de los pequeños navÃos.
—¿Dudas todavÃa? —preguntó su compañero.
—Un pirata olfatea a los adversarios a gran distancia —dijo por fin el Tigre de Malasia—. Estoy más que seguro de que esos barcos van explorando el rÃo.
—Nos hubieran detenido e interrogado.
—Aún no hemos llegado a Gauhati.
—¿Piensas que los sikhs nos siguieron en nuestra retirada a través de la jungla? Sin embargo, yo no vi ninguna barca que nos persiguiera.