A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¡Ohé! ¿De dónde venís y adónde vais?
—Deja que conteste yo —dijo Tremal-Naik a Sandokán.
—Hazlo —contestó este.
El bengalí gritó:
—Venimos de una partida de caza.
—¿Hecha dónde? —preguntó la misma voz.
—En el pantano de Benar —contestó Tremal-Naik.
—¿Qué habéis matado?
—Una docena de cocodrilos que iremos a recoger mañana, porque se han hundido.
—¿Habéis visto hombres por aquellos alrededores?
—No; sólo marabúes y ocas.
—Pasad y buena suerte.
La bangle, que había disminuido la marcha, reemprendió su carrera, a todo remo, mientras los dos poluar aflojaban los cables para dejarle paso.
—¿Qué te he dicho? —preguntó Sandokán a Tremal-Naik, cuando se hubieron alejado—. Los piratas tenemos un olfato extraordinario y olemos al enemigo a distancias increíbles.
—Me has dado una buena prueba —admitió Tremal-Naik—. ¿Nos habrán seguido realmente?
—No lo dudo.
—Sin embargo, hemos salido muy bien del paso.