A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —De eso nos ocuparemos más tarde.
—¿Y cómo has sabido que me habÃan secuestrado?
—Cogà a aquel perro de faquir y le obligué a confesar. ¡Es el favorito del rajá quién te ha hecho secuestrar, probablemente para vengarse de la herida! Pero tampoco esto interesa por ahora. Yo le devolveré la jugarreta esta misma noche. Lo tengo todo preparado para tu evasión. ¿Adónde dan tus ventanas?
—A la galerÃa del segundo piso.
—¿Tienes miedo a que te baje con una cuerda muy fuerte?
—Estoy dispuesta a hacer todo lo que quieras.
—¿Se acuestan temprano en esta casa?
—A las once todas las luces están apagadas —contestó Surama.
—Estate preparada a medianoche. ¿Duerme alguna criada aqu�
—Sé que hay dos en la habitación contigua.
—¿Vienen a tu habitación antes de acostarse?
—SÃ, para acompañarme a la cama.
—¿Tienes alguna botella de licor que ofrecerles?
—Tengo incluso vino europeo; el chitmudgar se ocupa de que no me falte nada.