A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Todo va viento en popa —murmuró—. Si no hay novedades, mañana estaremos a salvo en la jungla de Benar. Luego veremos qué conviene hacer.
Se tendió en su camastro, poniendo antes una botella de arac sobre una banqueta, encendió la pipa y espere tranquilamente que llegara el momento de actuar y que se presentara el joven sudra.
Era cerca de medianoche, cuando un ligero golpe en la puerta le hizo saltar del lecho.
—Será él —murmuró—. Es un buen muchacho que hará una discreta fortuna.
Abrió sin hacer ruido y vio ante él al criado del mayordomo.
—¿Algo nuevo? —preguntó Sandokán.
—Todos duermen.
—¿Están apagadas todas las luces?
—SÃ, sahib.
—¿Has visto a alguien paseando por la plaza?
—A un grupo de hombres.
—Son mis amigos. Coge la cuerda.
—Está aquÃ, sahib.
—SÃgueme y no temas. Desde este momento, estás a mi servicio.
—Gracias, patrón.
Sandokán abrió la puerta que conducÃa al corredor y golpeó repetidamente la puerta de la estancia de Surama, quien abrió en seguida.