A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Y detrás de las puertas encontrarás unos hombres dispuestos a hacerte frente, porque estamos resueltos a vender cara nuestra piel.
—¿Te niegas, milord?
—SÃ.
—¿Es tu última palabra?
—La última —contestó Yáñez.
La voz dejó de oÃrse.
Yáñez se acercó a la puerta que daba al patio, y se puso a escuchar.
Fuera habÃa un rumor de voces, como si se hubieran reunido muchos hombres ante la puerta.
—Serán los sikhs del rajá —murmuró—. ¡Por Júpiter! El asunto se pone serio. ¡Y no poder advertir a Sandokán! ¿Cómo acabará todo esto? No podremos resistir indefinidamente, y esta puerta, aunque sea sólida, acabará por caer.
De repente, se estremeció.
HabÃa oÃdo un bramido espantoso, como el de un elefante furioso, cerca de la puerta.
—¡En esto no habÃa pensado! —exclamó—. ¡A mÃ, malayos!
Los cinco hombres se replegaron rápidamente hacia el centro de la sala.
—¿Qué hemos de hacer, capitán Yáñez? —preguntó Burni.