A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio »—Acepto —contestó entonces el joven prÃncipe.
»El rajá le tiró el arma y Sindhia la cogió al vuelo.
»—Te advierto —rugió el loco— que si fallas correrás la misma suerte que los demás.
»—¡Échala!
»El rajá lanzó al aire la moneda de plata. Se oyó en seguida un disparo, pero no fue agujereada la moneda sino el pecho del tirano. Sindhia, en lugar de hacer fuego sobre la moneda, habÃa vuelto el arma contra su hermano y le habÃa fulminado, atravesándole el corazón. Los ministros y los oficiales se prosternaron ante el prÃncipe, que habÃa librado el reino de aquel monstruo, y lo aceptaron sin más como rajá del Assam.
—Me ha narrado una historia que cualquier assamés conoce a fondo —dijo el ministro.
—Pero no la continuación —contestó Yáñez, sirviéndose otra copa y encendiendo el segundo cigarrillo—. ¿SabrÃa usted decirme qué fue de Surama, hija del jefe de los kotteris?
Kaksa Pharaum se encogió de hombros, diciendo:
—¿Quién iba a ocuparse de una niña?
—Sin embargo, aquella niña habÃa nacido muy cerca del trono del Assam.
—Continúe, milord.