A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¡Qué prodigiosa fuerza la de estos paquidermos! —murmuró Yáñez—. Con siete u ocho golpes como este se abrirá paso.
Transcurrió medio minuto de angustiosa expectativa para los sitiados, luego la puerta recibió otro golpe que la hizo vacilar de arriba a abajo. ParecÃa como si hubiera estallado una granada, o que los atacantes hubieran prendido fuego a un mortero de gran calibre.
Siguieron un tercero y un cuarto golpe, cada vez más violentos. Al quinto, las puertas arrancadas de sus goznes cayeron sobre los divanes con un ruido ensordecedor, aplastando buen número de ellos, pero reforzando al mismo tiempo la barricada con su masa.
—¡Amigos! —gritó Yáñez, que ya estaba preparado para aquella caÃda—. Preparémonos a dar a estos indios una lección que haga época.