A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —He descubierto tres grandes poluar, cargados de sikhs y de guerreros assameses, que echaban las anclas en el pantano de los cocodrilos, y dos bangles también tripuladas por soldados, remontando el rÃo con la evidente intención de desembarcar más a oriente.
—¿Cuántos hombres supones que puede haber a bordo de esos cinco veleros?
—No menos de doscientos —contestó el indio.
—¿Has visto piezas de artillerÃa a bordo?
—Los poluar llevaban un cañón cada uno; las bangle solamente espingardas.
—¿Estás seguro de que esos hombres pretenden apoderarse de nosotros, o puede tratarse de una expedición contra alguna tribu rebelde?
—No hay habitantes por esta zona, sahib, en un trozo muy grande. Aquà se suceden junglas y pantanos en varias decenas de millas y sólo hay un pueblo: el de Aurang, que es demasiado pequeño para rebelarse a la autoridad del rajá, o para negarse a pagar los impuestos. No, sahib, esos guerreros tienen intención de atacarnos.
—¿Dónde está ese pueblo?
—A oriente de la jungla.
—¿EncontrarÃamos elefantes allÃ?
—El jefe tiene un parquecillo donde crÃa media docena de ellos.
—¿Nos los venderÃa, pagándolos bien?