A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Aunque el golpe —completamente inesperado— habÃa sido terrible, Sandokán y Tremal-Naik no tardaron en recuperar su sangre frÃa. Eran hombres de demasiado temple para permanecer mucho tiempo bajo la impresión de un desastre, por grave que este fuera. Después de avisar a Surama de todo lo ocurrido y de tranquilizarla, reunieron fuera de la pagoda a todos sus hombres para ponerse de acuerdo sobre lo que se debÃa, hacer.
De aquel consejo salió una sola idea, compartida por todos. Salvar lo antes posible a Yáñez, antes de intentar el golpe supremo, destinado a derribar al rajá y privarle de la corona.
Desgraciadamente, les amenazaba un gravÃsimo peligro; peligro que no estaban seguros de poder evitar. Bindar, después de anunciar la captura del portugués, les habÃa dado también la noticia de que su refugio habÃa, sido descubierto y que las tropas del rajá se preparaban a rodear la jungla. Por tanto, lo primero era escapar del peligroso cerco.
Asà que, apenas terminado el consejo, Sandokán envió una docena de hombres en todas direcciones, para evitar que les sorprendieran, y llamó a Bindar que estaba recuperando fuerzas en el interior de la pagoda.
—¿Has visto tú, con tus propios ojos, las tropas del rajá que avanzan hacia la jungla?
