A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Muy pocas. Sólo puedo decirte que sigue encerrado en el subterráneo de la tercera cúpula; sin embargo…
—Continúa.
—He encontrado la forma de poderle hacer llegar tus noticias, si crees que pueden serle útiles.
—¿Cómo? —preguntó el malayo con ansiedad.
—El rajá ha cambiado a los carceleros que habÃa antes, y uno es pariente mÃo.
—¿Y se prestará a este juego tan peligroso?
—Es demasiado astuto para dejarse sorprender. Con unas rupias, estará a nuestra disposición.
—Dame un trozo de papel.
—Más tarde; ahora, comamos.