A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Los ves?
—Siguen escondidos entre los kalam.
—¿Piensas que nos espÃan?
—Estoy seguro. Trataremos de engañarles, descendiendo por el otro lado de la colina.
Se dejaron resbalar a lo largo de la pared rocosa, que tenÃa una notable pendiente y se reunieron con sus compañeros, acampados entre las plantas.
—Todo va bien, al menos por ahora —dijo Sandokán a Surama—. Espero llegar al pueblo en un par de horas, teniendo en cuenta las dificultades que encontraremos en la selva. Si disponemos de los elefantes, haremos correr a los sikhs, suponiendo que nos persigan.
—¿Y Yáñez? —preguntó la joven con angustia.
—Ya comprenderás que de momento no podemos hacer nada por él. Su liberación requiere cierto tiempo. Pero no te inquietes, no corre ningún peligro porque el rajá, convencido de que es un inglés, no se atreverá a tocarle ni un pelo. Todo lo más, le hará conducir a la frontera bengalÃ.
—¿Y cómo podremos encontrarle?
—¡Oh! Será él quien venga a nuestro encuentro, cuando le llegue la buena noticia de que los tigres de Mompracem y tus montañeses han tomado la capital de tu futuro reino. ¡Ah! Me olvidaba de pedirte una preciosa información: ¿el Brahmaputra atraviesa tus montañas?