A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio Desde allà la mirada dominaba un espacio inmenso, extendiéndose en tomo la llanura. El incendio proseguÃa en la jungla, amenazando con extenderse hasta las orillas del Brahmaputra y hacia el pantano de los cocodrilos.
Era un verdadero mar de fuego, con un frente de cinco a seis millas, que lo devoraba todo a su paso.
Enormes columnas de humo negrÃsimo y chorros de chispas flotaban sobre aquel inmenso brasero, envolviendo la selva que se hallaba detrás de la jungla. Incluso la vieja pagoda de Benar se habÃa derrumbado y sólo quedaba en pie algún trozo de muralla.
Sandokán y sus compañeros dirigieron las miradas hacia levante, y no tardaron en descubrir un pueblecillo, formado por una minúscula pagoda y varios centenares de cabañas.
Estaba lejos del incendio y fuera de todo peligro, porque lo rodeaban grandes arrozales, con los canales llenos de agua.
—Tiene que ser ese —dijo Sandokán, señalándolo a sus compañeros—. No veo otros en ninguna dirección.
—Tampoco yo —contestó Tremal-Naik—. ¿A qué distancia estará?
—A cinco millas.
—Una simple carrera.
—SÃ, si los assameses nos dejan tranquilos.