A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Antes de que puedan reunirse para intentar de nuevo el ataque, vamos a la colina —dijo Tremal-Naik—. PodrÃan volver a perseguirnos y molestar nuestra marcha hacia el pueblo.
—Y además allá arriba podemos oponer mayor resistencia —añadió Sambigliong.
—Habláis como generales prudentes —dijo Sandokán, sonriendo—. Sigamos la marcha, amigos.
La colina no distaba más que quinientos o seiscientos metros y se alzaba perfectamente aislada. Era una montañita que elevaba su cima a unos ochocientos pies, con las laderas cubiertas de lujuriante vegetación.
La columna se habÃa reorganizado y atravesó a la carrera la distancia, disparando algún tiro de vez en cuando.
La ascensión se llevó a cabo en menos de media hora, a pesar de los obstáculos que ofrecÃa toda aquella masa de plantas, y sin que los assameses hubieran intentado un nuevo ataque.
Llegados a la cima, Sandokán hizo acampar a sus compañeros, para concederles un par de horas de reposo, que tenÃan bien merecido después de tan largo camino a través de la jungla y siempre luchando. Después, con Tremal-Naik y Kammamuri trepó a una roca que formaba la cúspide de la colina, y que estaba desnuda de vegetación.