A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Lo único que deseo de ti es que me proporciones mil montañeses, decididos a todo y las barcas necesarias para conducirlos a Goalpara —contestó Sandokán—. ¿Puedes proporcionármelos?
—Y también dos mil si los quieres —contestó Khampur—. Cuando mañana sepan mis súbditos que la hija de Mahur ha vuelto, afilarán sus armas inmediatamente y descolgarán de las paredes sus escudos de piel de búfalo.
—Nos basta con la mitad, con tal de que sean escogidos y valientes —dijo Sandokán—. Podemos contar con la guardia del rajá, que está formada por sikhs, ¿verdad demjadar?
—Cuando quieras, sahib, estarán dispuestos —contestó el jefe ce los mercenarios—. Sólo tengo que decirles una palabra.
Khampur miró atentamente al sikh, después dijo con cierta satisfacción:
—Es un verdadero guerrero; conozco el valor de estos montañeses.
—¿Cuándo pueden estar preparadas las barcas? —preguntó Sandokán.
—Mañana después del mediodÃa, mis hombres estarán preparados para descender por el Brahmaputra.
—¿De cuántas embarcaciones puedes disponer?