A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¡Salud a la rahni de Sadhja! ¡Salud! Después mil quinientas carabinas dispararon simultáneamente al aire, haciendo temblar las paredes poco sólidas de las casas.
—¡Salud a mis fieles montañeses! —gritó Surama, cuando el eco de las montañas y los valles dejó de repetir la descarga.
Khampur se adelantó hacia Sandokán, a quien reconocÃa como jefe de la expedición, y tras apearse del caballo, le dijo:
—Estarnos dispuestos para emprender la conquista de Gauhati. Sólo tienes que escoger los mil hombres que necesitas, sahib. Te prometo que te seguirán hasta las orillas del golfo de Bengala, si tú lo deseas.
—Escoge tú los mejores; les conoces mejor que yo.
—Como quieras, sahib.
—¿Están preparadas las barcas?
—Hace dos horas que espera la flotilla.
—¿Has embarcado los falconetes?
—Todos.
—Vamos a echar un vistazo mientras tú eliges los guerreros. GuÃanos, Bindar.
—Aquà estoy, señor —contestó el muchacho.