A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —No les dejaré el tiempo de atrincherarse —dijo Sandokán—. Entraremos en la ciudad por sorpresa. Ahora tú, Bindar.
—Manda, señor —dijo el joven indio, que esperaba a ser interrogado.
—Tú acompañarás al demjadar y tratarás de conseguir noticias del capitán Yáñez.
—De eso me ocupo yo, sahib —dijo el jefe de la guardia—. Apenas llegue a la corte, interrogaré a mis hombres.
—¿Pero tú cómo justificarás tu prolongada ausencia? —preguntó Tremal-Naik, que asistÃa al coloquio junto con Khampur y Surama—. El rajá querrá saber dónde has estado.
—Ya he pensado en esto —contestó el demjadar—. Le diré que traté de dar caza a los secuestradores de su primer ministro Kaksa Pharaum, y que las investigaciones me llevaron muy lejos de Gauhati. El rajá no dudará de lo que le diga.
—Entonces, tú, Bindar, vendrás a reunirte con nosotros mañana mismo —dijo Sandokán, dirigiéndose al joven indio—. Espero tus noticias antes de zarpar.
—Antes del crepúsculo estaré aquÃ, señor.
—Cuento contigo.