A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —Y bien, Yáñez, ¿qué has decidido? —preguntó el hombre vestido de seda, deteniéndose por enésima vez—. Mis hombres se aburren; ya sabes que la paciencia no ha sido nunca el fuerte de los viejos tigres de Mompracem. Hace ya ocho dÃas que estamos aquÃ, contemplando los templos de esta ciudad y la sucia corriente del Brahmaputra. No es asà como se conquista un reino.
—Tú siempre tienes prisa —contestó el otro—. ¿No conseguirán los años calmar la sangre ardiente del Tigre de Malasia?
—Lo dudo —contestó el famoso pirata, sonriendo—. ¿Y a ti no te arrancarán tu eterna calma?
—Mi querido Sandokán, bien quisiera meterle mano hoy mismo al trono del rajá y arrancarle su corona para ponerla sobre la frente de mi hermosa Surama; pero la cosa no me parece demasiado fácil. Hasta que algún afortunado acontecimiento me permita acercarme al monarca, no podremos intentar nada.
—Ese acontecimiento se busca. ¿Se ha agotado tu imaginación?
—No creo, porque tengo una idea en la cabeza.
—¿Cuál?
—Si no damos un buen golpe, no conseguiremos jamás el favor del rajá, que detesta a los extranjeros.
