A la conquista de un imperio
A la conquista de un imperio —¿Es esta la que desemboca en el Brahmaputra? —presunto Yáñez.
—Sà —contestó Bindar—. ¿No oyes un ruido lejano?
—Me parece que sÃ.
El indio iba a reanudar la marcha, cuando Tremal-Naik le detuvo.
—¿Qué quieres, sahib? —preguntó Bindar, sorprendido.
—Yo veo más allá otra puerta, que tal vez dé a otra galerÃa —dijo Tremal-Naik.
—SÃ, ya lo sé.
—¿Lleva también al rÃo?
El indio vaciló largo rato, a Yáñez y a Sandokán les pareció que su rostro mostraba terror.
—Habla —exigió Tremal-Naik.
—No te metas allá dentro, sahib —dijo por fin el secuaz de Siva—. Alejémonos y huyamos lo antes posible.
—¿Por qué? —preguntaron a una Sandokán y Yáñez, impresionados por el extraño tono de su voz.
—Allà está la muerte.
—ExplÃcate mejor —apremió Tremal-Naik, con tono imperioso.
—Esa galerÃa lleva a la celda subterránea donde se custodian los tesoros del rajá, y está guardada por cuatro tigres.