Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa La cabalgata continuaba su furiosa carrera detrás de los fugitivos animales que atemorizados por los gritos, ladridos y el repiqueteo de los cascos equinos, trataban desesperadamente de alejarse, aunque los galgos, que se habÃan adelantado a los caballeros, no los perdÃan de vista. Abei, que dirigÃa la partida, cuando consideró que era el momento oportuno ordenó:
—¡Atención!… ¡A ti, Talmá!… ¡Suéltalo!
La muchacha desprendió la cadena de plata que sujetaba a su halcón y levantó el puño mientras Abei emitÃa un agudo silbido. El ave rapaz extendió las alas, las batió un par de veces y emprendió el vuelo.
—¡Adelante los otros! —gritó Abei liberando el suyo.
También el de Hossein partió como un rayo a juntarse con los compañeros y los tres, en un acuerdo perfecto, cayeron a plomo entre los cuernos de las aterradas gacela, a las que detuvieron casi de golpe e hicieron doblar las rodillas.
—¡Bravo, mis criaturas! —exclamó Abei entusiasmado.