Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa El beg quedó un momento pensativo, luego acercándose al fiel servidor le golpeó familiarmente el hombro y le preguntó a quemarropa:
—¿Qué piensas de Abei?
—¿Por qué me haces esa pregunta, patrón? —exclamó el gigante muy sorprendido.
—¿Crees tú que realmente lo quiere a Hossein?… ¡Deseo que lo vigiles de cerca!
—¿A tú sobrino, patrón?
—¡No me parece franco, Tabriz!… Desde un tiempo a esta parte lo estoy observando y he constatado actitudes ambiguas y continuas vacilaciones. Está celoso de Hossein, de su lealtad, de su coraje, de su belleza y quizás de algo más todavía…
—¡Patrón!…
—¿Convocaste a los enganchados para el alba?
—Estarán todos frente a la puerta.
—¿Conoces a Sagadsca, el jefe de los filiados? El podrá darte informaciones preciosas, porque si los «águilas», se dirigen a Kitab deben pasar por su campo.
—Veré a ese jefe.
—Y ahora, vete a descansar que es tarde y te lo recomiendo, protege a Hossein y no pierdas de vista a Abei.
—Así lo haré, patrón.