Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Yo he dormido como un oso —confesó el hombrepero podrán informarte los destiladores, que no apagaron el fuego. SÃgueme; están a pocos pasos y desde aquà se distingue la humareda.
Atravesaron un pequeño bosque de plátanos y pronto llegaron a una explanada donde una docena de filiados semidesnudos, ennegrecidos por el humo y manando sudor, estaban atareados alrededor de varias calderas de cobre colocadas sobre hogueras. Los turquestanos, lo mismo que los persas, destilan las rosas en el mismo terreno de cultivo para que conserven todo su perfume. Les colocan recipientes de una capacidad de cien a ciento veinte litros y las hierven en un volumen de lÃquido cinco veces mayor que su peso. De esta cocción extraen el agua de rosas, la que someten nuevamente al fuego hasta que aparecen pequeños glóbulos oleosos que son la esencia y que recogen con cucharas perforadas. Un campo de cuarenta áreas de rosales puede dar hasta dos mil kilos de flores, y estas producen setecientos gramos de esencia que se vende a precios muy elevados. El capataz de los destiladores, al ver a los forasteros fue a su encuentro y los saludó cortésmente.
—¡Que Allah les sea propicio!
Y cuando le preguntaron si habÃan visto pasar por allà una caravana de caballeros, exclamó: