Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¿Qué pasa ahora? —quiso saber Hossein, que también empuñó su arma.
Sin responder, el servidor apuntó a una espesa mata que crecÃa cerca de un banano y de la que salió en ese momento un lastimoso gemido.
—¿Has oÃdo? —dijo entonces—. Debe haber un herido allÃ…
Se acercó con cautela y separó las ramas con el caño del arcabuz. Detrás se hallaba un hombre cuyo cuerpo sólo estaba cubierto con algunos jirones de camisa.
—¡Perdonen la vida a un pobre infeliz! —exclamó con voz temblorosa—. ¡Allah ha prohibido matarse entre creyentes!…
—¿Quién eres y qué haces aquà desnudo? —le preguntó Tabriz.
—Soy un usbek de la ciudad de Kitab a quien asaltó una banda de ladrones anoche. Me robaron mi majada de carneros que habÃa traÃdo a pastar y me quitaron la ropa.
—¿Eran «águilas de la estepa»? ¿No llevaban una joven con ellos?
—Yo no la he visto.
—¿Cuántos eran?
—Una veintena, pero debÃa de haber más en el bosque, Porque oà relinchos de caballos. ¡Por favor, señor! ¡No me dejes aquà solo y sin armas! ¡Hay lobos y panteras en la espesura!…