Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¿Dónde se encuentran ahora?
—No lo sé; atravesaron velozmente la ciudad y salieron por la puerta opuesta sin detenerse.
—Bien; tu deuda está saldada, beg —declaró Abei con expresión gozosa—. La tropa que te he traÃdo está comandada por un primo mÃo, también sobrino de Giah Agha. Mándalo a la primera lÃnea de fuego y no te preocupes de otra cosa. El resto me concierne.
—He ahà un negocio para mà excelente —declaró Babá sonriendo—. No quiero averiguar cuál es el misterio que te impele a sacrificar a esos hombres; necesito gente valerosa y voy a disponer de la tuya.
—¿Tienes alguna esperanza de resistir a los rusos? ¿Cuándo crees que intentarán el asalto a la plaza?
—No antes de mañana y si consigo fanatizar a la población, quizá pueda rechazarlos. Esta noche saldrán a la calle los almuédanos con las reliquias sagradas del Islam y predicarán la guerra santa.
—¿Cuento entonces con tu palabra, Babá Bey?
—Puedes confiar en ella.
—Nos volveremos a ver en el campo de batalla.