Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¿Has saldado con mi padre tu deuda de gratitud?
El beg lo miró un poco inquieto e hizo seña a los artilleros para que se retirasen.
—Llegas en un mal momento, mi joven amigo —le dijo luego—. Tenemos a los rusos en la puerta de la ciudad.
—Tal vez mi llegada puede serte propicia. No he venido solo; he traÃdo cincuenta caballeros que valen por doscientos de tus shagrissiabs.
Babá Bey le dirigió una mirada de estupor y su rostro se iluminó con una sonrisa.
—¿Cómo? ¿Vienes a pedirme el pago de mi deuda de gratitud y al mismo tiempo me traes ayuda?
—SÃ, y con una condición: que destines a mis hombres y a sus jefes donde sea más intenso el fuego de los moscovitas.
—No te comprendo, jovencito. Tu padre me salvó la vida en la estepa un dÃa en que una pequeña horda de quirguisos me habÃan asaltado. ¿Qué es lo que tú quieres ahora en retribución?
—Contéstame antes algunas preguntas. Ayer estuvo aquà una numerosa cabalgata conduciendo a una muchacha, ¿verdad?
—SÃ, eso me informaron. Parece que se trataba de un matrimonio, porque la joven llevaba vestido de novia y una tiara valiosa.