Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Es imposible que no hayan advertido nuestra llegada —murmuró—. Cincuenta hombres a caballo llaman la atención de cualquiera. A lo mejor me están esperando en las cercanÃas del caravanserrallo.
Eran las nueve de la mañana cuando llegó al sitio fortificado. Ya habÃa percibido en uno de los reductos a un hombre de edad madura vestido como un prÃncipe, con grandes bordados de oro en la casaca blanca y un descomunal turbante de muselina verde. Al llegar a una de las puertas fue detenido por un centinela de gran estatura que le apuntaba un enorme trabuco.
—Pon de lado tu trombón —le dijo, con acento irónico y ve a decirle a Babá Bey que el sobrino de Giah Agha e hijo de Abei Hakub desea verle.
El shagrissiab, impresionado por el tono altanero y la calma del joven, hizo transmitir de inmediato el mensaje y poco después abrÃa la puerta de par en par y escoltando por cuatro artilleros el visitante entraba en la ciudadela. Babá Bey lo esperaba apoyado en su cimitarra en una pequeña explanada.
—¿Eres el hijo de Abei Hakub? —le preguntó cuando hubo descendido del caballo.
—¿No me parezco a mi padre, beg? Siempre me han dicho que soy su vivo retrato.
—En efecto —confirmó el emir de Schaar— me recuerdas al hombre que me salvó un dÃa la vida. ¿Qué quieres de mÃ?