Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa El 13 por la tarde la columna llegaba sin combatir a las huertas de Urens-Reschlak, en la cintura externa de defensa de los shagrissiabs y poco después hacía su conjunción con la comandada por Schovnine. En la madrugada del 14 algunos contingentes de la plaza acometían de improviso el flanco del campamento con fuego violento aunque mal dirigido y desaparecían a las primeras descargas de los moscovitas. Una vez rechazado este intento, el general, seguido por su estado mayor, hacía un rápido reconocimiento de las murallas para escoger el punto a atacar y al anochecer se iniciaba el bombardeo de la ciudad.
Al oír Abei el tronar del cañón y ver acudir en masa a los defensores a los reductos, estalló en maldiciones. Se veía encerrado en la plaza amenazada, expuesto a los peligros de la lucha e imposibilitado de juntarse con los bandoleros que retenían a Talmá.
—¡Allah condene a esos bribones de Djura y Babá! —aulló rojo de ira.
Los cinco «águilas» lo habían rodeado a la espera de instrucciones y asombrados de verlo tan furioso.
—¿Y ustedes, estúpidos, no podían haberse dejado ver más pronto? —les espetó amenazándolos con el puño.