Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Amigos! —voceó Hossein— ¡no tiren hasta que se muestren…! ¡Ahora!… ¡Fuego!…
Unos cincuenta moscovitas avanzaban con precaución por entre las hierbas: quince o veinte cayeron heridos en las piernas, pues los esteparios habÃan apuntado bajo. Eso desorganizó un poco a los atacantes, pero inmediatamente, como por encanto, surgió una media sotnia de cosacos de las matas y derribó con acertados tiros un buen número de contrarios.
—¡Estamos perdidos, Tabriz! —exclamó Hossein.
—¡No tenemos más recurso que cargar, señor! —precisó el coloso—. ¡En vuelo y a fondo!
—Da la orden antes de que nos estropeen todos los animales.
El gigante estaba por incorporarse cuando dos descargas, de frente y de atrás, que procedÃan de los dos barrancos, les aniquilaron más de la mitad de la gente.
—¡A caballo los que quedan…! —ordenó Hossein poniéndose de pie.
Un tiro de pistola sonó detrás de él. Tabriz, con los dientes apretados se volvió empuñando el cangiar y bramando:
—¡Traición! ¡Trai…!