Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa Aunque esas viviendas no son en general muy amplias, las de Giah Agha eran de excepcionales dimensiones, prueba de que su dueño no pertenecía a la simple clase de los criadores de caballos y camellos. Antes de armarla se había limpiado bien el terreno y ahora se hallaba extendida sobre él una magnífica alfombra persa de dibujos y colores bellísimos. Contenía valiosos cofres de cedro del Líbano llenos de incrustaciones de metal y grandes almohadones y cojines de seda roja con bordados de plata. De las pértigas colgaban armas dignas de un príncipe: arcabuces de larguísimos caños cubiertos de delicados arabescos y madreperlas en las culatas; cangiares de acero fino en cuyas empuñaduras se hallaban engarzadas zafiros y turquesas y en las hojas llevaban burilados versículos del Corán. En un ángulo se veían acurrucados cuatro hermosos halcones con las cabezas encerradas en capuchas de cuero y las garras sujetas con cadenitas de plata, los cuales gemían quedamente cada vez que la pesada piedra bamboleaba e imprimía a la tienda violenta oscilación.