Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Me siento como si hubiese atravesado el Asia entera! —replicó el otro.
—¿Encontraremos al menos agua? —preguntó Hossein, también tumbado en el suelo.
—Asà lo espero, mi señor. Permanezcan aquà mientras yo voy a buscarla.
El bandolero empuñó el yatagán que llevaba a la cintura, tomó el odre ya semivacÃo y se internó en la arboleda no sin cierta aprensión, pues sabÃa que esos parajes eran muy frecuentados por animales feroces. Como era su costumbre, iba monologando entre dientes.
—Me gustarÃa saber si ese tonto de Dinar se paró aquÃ. Tiene buenas piernas y…
Se interrumpió bruscamente corrió a ocultarse detrás del tronco de un grueso plátano e surgÃa aislado en medio de un grupo de arbustos.
—Querido Karawal —continuó cuando se hubo tranquilizado un poco— una rama no se rompe sola a menos que sople un fuerte viento, según me enseñó mi padre…
Se mantuvo inmóvil espiando con los sentidos aguzados a su alrededor y pasados algunos minutos sin que notara nada sospechoso, prosiguió su camino husmeando el aire como los perros de caza. HabÃa avanzado tina veintena de pasos cuando oyó un ruido igual al de un cuerpo que cayera a un pozo.