Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —Parece que bebida no falta —masculló—. Ahora hay que averiguar quién es el que está bebiendo… ¡Atención, amigo!
Separó unas ramas y descubrió una abertura redonda de una docena de metros de circunferencia llena de un lÃquido clarÃsimo. En la superficie se veÃan cÃrculos concéntricos que se ensanchaban hasta romperse en los bordes.
—Alguien ha cruzado el estanque —se dijo poniéndose inquieto.
Miró en tornó y dio un rápido salto al agua en la que se hundió hasta las caderas. Un animal que se hallaba oculto entre los arbustos acababa de saltar también y caer en el mismo punto en que Karawal se habÃa encontrado: un solo segundo de vacilación que este hubiese tenido lo habrÃa puesto entre las garras del agresor el cual, desilusionado, emitió una suerte de balido similar al de la oveja.
—Sé que no eres un cordero, mi amigo —exclamó el bandido— y también lo que vales. Conozco tus uñas pero no me agarrarás tan fácilmente… ¡Un guepardo! ¡Peligroso vecino!