Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¡Me parece revivir! —exclamó el coloso—. Siento cómo los poros de mi reseca piel absorben voluptuosamente la humedad de este ámbito… ¡Hasta husmeo el aire de nuestra estepa, señor!…
—¡Se va acercando la hora de la venganza…! —dijo Hossein que se habÃa puesto sombrÃo.
—¡Si, patrón; y el castigo debe ser despiadado como es ley entre los hombres de nuestra tribu!
—Mi tÃo no perdonará. Lo conozco: es implacable. Pero me atormenta una sospecha.
—¿Cuál, señor?
—Que Abei le haya hecho creer que he muerto y obtenido sustituirme al lado de Talmá.
—Descarta por ahora esos malos pensamientos e intentemos averiguar si es posible cruzar el rÃo sin esperar la vuelta del loutis.
En aquel sitio el Amú tenÃa un ancho de más de medio kilómetro, su corriente era muy rápida y parecÃa profundo; además, la orilla opuesta no ofrecÃa ningún punto de abordaje. Estaba formada por altÃsimas rocas negruzcas, cortadas a pico, que trasudaban una materia viscosa de color oscuro que se deslizaba lentamente al agua.