Aguilas de la estepa
Aguilas de la estepa —¿Temes algo, Tabriz? —preguntó Hossein, que parecÃa salir de un sueño.
—Nunca he tenido relaciones con los pescadores del Amú, señor, de manera que no puedo decirte si son buenas o malas gentes.
—Si son bandidos es poco lo que podrán robarnos, porque los bukanos del emir me sacaron hasta el último thomán.
—Como a mà —ratificó el coloso.
Los puntos luminosos aumentaban a los vistos y comenzaban a delinearse las siluetas de las embarcaciones; pronto se distinguieron a los remeros que se esforzaban por vencer la correntada: eran seis unidades tripuladas cada una por cinco personas. En la proa y a la extremidad de un largo palo habÃa una especie de bola hecha con alambre de cobre entretejido dentro de la cual ardÃa un hachón impregnado en petróleo. No sin cierto estupor, los dos observadores notaron posados sobre las bordas, uno al lado del otro, numerosos pájaros de patas más bien largas, que parecÃan en libertad.
—¿Pero estos hombres se dedican a la pesca o a la caza? —exclamó Tabriz—. ¿Qué hacen allà esos avechuchos?
En ese momento una voz conocida se hizo oÃr desde la flotilla:
—¡Aquà estoy, mis señores! ¡Llego en buena hora!